Hornillos del Camino

EN EL PUEBLO CON MAS CURAS DE ESPAÑA

En Hornillos del Camino (Burgos) hay 61 habitantes censados, una veintena de vecinos viviendo y una seña de identidad: su religiosidad, 26 curas y monjas oriundos del lugar. «Es el mini Vati­cano», dice el arzobispo. Este es el recorrido por uno de los pueblos hiperbólicos de España: en agosto (cuando los religiosos vuelven) hay misa todos los días. Incluso con dos o tres sacerdotes.

Articulo publicado en El Mundo del 20 de febrero de 2017 por PEDRO SIMÓN

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HORNILLOS DEL CAMINO (BURGOS)

El Athletic de Bilbao tiene Lezama, el jamón ibérico tiene Jabugo la tecno­logía mundial tiene Silicón Valley y la Iglesia española -en su modesta escala- tiene Hornillos del Camino.

Porque si hablamos de viveros, hay que marcar con una cruz este pequeño pueblo de Burgos: 61 habi­tantes censados, sólo unos 20 vivien­da a diario y, esto es lo extraño, 26 religiosos y religiosas nacidos en es­tas casas repartidos por España y el resto del mundo.

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Pedro Mayor, a la izquierda alcalde de Hornillos (Burgos), junto a José Antonio (un hno. cura y 14 primos con habito) en la iglesia del pueblo. Javi Martínez.

Con este panorama, lo normal aquí es sentirse a salvo. Le sucede a José Antonio, 72 años, jubilado, una hermana monja, un hermano cura y 14 primos con hábito.

-¿Usted va mucha a misa? -le decimos.

-Aunque yo no vaya a misa -bro­mea-, con esta familia que tengo no pasa nada.

La escena tuvo lugar el 17 de julio, cuando se reinauguró el suelo de la iglesia parroquial de la localidad. Al evento acudió el mismísimo arzobis­po de Burgos, Fidel Herráez. El acto congregó a 22 de los 26 eclesiásticos nativos. El prelado celebró las obras, a su modo bendijo al vecindario, se dio un paseo y se refirió a Hornillos del Camino como todo el pueblo lo hace cuando llega el verano y regre­san los que un día se fueran.

-Este pueblo es un mini Vaticano. Oremos. Y oraron. Y siguen en ello. Porque aquí, como quien dice, no paran de hacerla.

«En agosto es para verlo», nos cuenta Pedro Mayor, alcalde de Hor­nillos, 34 años. «Monjas que van a echar la partida, curas que van a la huerta, otros que se echan un chato en el bar, otro cura que va con la em­pacadora a ayudar a su hermano… Así pasa. Los curas que nacieron en el pueblo, Santiago, Vicente, Luis, Marcelino, Eliazar, Eusebio… descargan de trabajar al párroco de aquí, don José, y dan la misa ellos… Porque aquí en el mes de agosto hay mi­sa todos los días. Y a veces con dos o tres sacerdotes.

El caso es que uno llega a Hornillos del Camino en agosto y no sabe si hay un cónclave o se ha colado en el remake de «Amanece que no es poco».

Hornillos tiene sus auténticas de­vociones y -Faulkner aparte- sus particularidades: para empezar, el al­calde es el único de UPyD en la pro­vincia de Burgos (que ya es particu­laridad). Para continuar, tiene una notable actividad teniendo en cuen­ta el tamaño: tres albergues, dos ca­sas rurales, una tienda y tres bares. Para seguir, el pueblo es atravesado a diario por varias personas que ha­cen el Camino de Santiago. Y para cerrar, entre sus pobladores fijos tie­ne hasta un coreano. Agnóstico. Ins­crito en el censo: Sean Min Son.

-¿Y pasan muchos peregrinos por aquí?

-No los contamos.

«En los años 50 y 60, época de fa­milias numerosas, era muy habitual que los vacacionistas vinieran a lle­varse chicos y chicas en estos pue­blos», explica Luis Pampliega, sacer­dote carmelita descalzo, dos herma­nas monjas y oriundo de Hornillos. «Los más pequeños de la familia eran los que solían salir. Yo lo hice con 11 años. Los mayores seguían ayudando en el campo y los más críos quedaban liberados para estu­diar. Esta característica no sólo se dio en Burgos o en Castilla La Vieja, sino también en Navarra y País Vasco».

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Foto tomada de https://goo.gl/3fYSje

Como todos los pueblos de enton­ces, por aquellos años Hornillos era mucho más Hornillos que ahora. Aquí había ocho rebaños de ovejas, aquí había dos carpinterías para ca­rros, aquí había una herrería, aquí había das ultramarinos, aquí había una leprosería, aquí había un convento de benedictinos, aquí había una escuela con más de 70 niños y niñas y por supuesto, aquí había una cantera de alevines que -como las de estos lares- sirvió para engrosar las filas de la Iglesia.

Aquellos críos que antes corrían por la calle San Román hoy están predicando la palabra de Dios. Luis Rodríguez es franciscano en Bolivia. Eleazar Mayores capuchino en Ve­nezuela. Ramón Rodríguez es maris­ta en Sevilla. Vicente San Cibrián es párroco en Villadiego. Eusebio Ro­dríguez es cura en Barcelona. Y el nonagenario Filiberto García, por ce­rrar esta pequeña lista con el más longevo, es benedictino en el Valle de los Caídos desde hace 66 años.

Son las cosas de Hornillos.

Das los buenos días y te contestan «con Dios». La municipalidad hace un llamamiento para arreglar la igle­sia y vienen todos los vecinos a picar la madera del suelo como si hubiera enterrado un tesoro. Te cruzas con un hombre en tractor y resulta que es Ignacio, el que toca las campanas del templo. Saludas a su madre, Tri­nidad, y resulta que es la que guarda las llaves de la parroquia. Se disuel­ve la peña de la localidad y el dinero que sobra se utiliza para restaurar una cruz de plata de la iglesia. Le preguntas a un vecino qué tal como el que habla del tiempo y el paisano te cuenta unas historias tremendas.

Por ejemplo, José Antonio perdió a un primo, Servando, misionero ma­rista asesinado en la República De­mocrática del Congo en 1996 (enton­ces Zaire). Y a punto estuvo de per­der a su hermana María Jesús, religiosa del Niño Jesús, natural de Hornillos, que escapó de Nigeria hu­yendo de Boko Haram. «Aquel día mataron a 20, asaltaron la comisaría, dos bancos, salían de la iglesia y les ametrallaban. A ella la vistieron co­mo a una musulmana y dejó el país a través de una embajada».

En Hornillos hoy no sucede nada de nada. Pasea un peregrino que parece una tortuga ninja por culpa de la mochila. Sale el sol como un res­ponso. Suena el altavoz de una fur­goneta ambulante. Discuten dos ve­cinas como en una tertulia de prime time. Y el hospitalero Juanma Fuen­tes -que se ocupa del albergue muni­cipal de los peregrinos- está montando un mueble. Tac-tac-tac.

«Trabajaba en artes gráficas. Hace cinco años me vi sin trabajo en Ma­drid, sin dinero, sin casa y sin fami­lia. Estuve mes y medio durmiendo en la calle. Hasta que dije que se aca­bó. Primero me puse a hacer la Ruta de la Plata y acabé en Sevilla. Luego me puse a hacer el Camino de San­tiago y pasé por aquí. Tres meses an­dando. Inma, la encargada del alber­gue municipal, me dijo que me que­dara de hospitalero voluntario [a cambio de comida y techo]. Y dije que sí. Y me ha cambiado la vida».

Le preguntarnos a Juanma Fuen­tes por su formación.

Y, bueno, este hombre -que un buen día apareció por aquí después de caminar 300 kilómetros y decidió quedarse no le pregunten por qué- nos explica que él estudió la carrera eclesiástica.

Dos años de Filosofía y cinco de Teología. Con los dominicos. En un centro adscrito a la Universidad Ca­tólica de Filipinas.

Ya ven, quería ser cura.

Artículo enviado por nuestro secretario Nicasio Miguel

 

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Una respuesta a Hornillos del Camino

  1. Félix Velasco dijo:

    Muy Interesante el artículo sobre Hornillos. Gracias por traerlo aquí.

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